18
Oct
09

¿Para este año, otra vez promesas de cambio?

Y otra vez la misma frustración de todos los años, porque cambiar externamente es más bien fácil, pero no dura mucho.  Cambiar de actitud es más complicado y ofrece mejores resultados.

En estas fechas es mucha la gente que dice que ya no fumará más o que comerá menos o que dejará definitivamente el trago o que ahora sí cortará esa relación que tanto daño le hace o…

Pasados solo unos pocos días empiezan los remiendos para estos propósitos que no se han podido cumplir: “el año apenas empieza… de la próxima semana no pasa”, y se va perdiendo el entusiasmo, mientras llueven las recriminaciones de quienes nos escucharon prometer y prometer, como otros años.

No somos tan carentes de la famosa “fuerza de voluntad” que todo mundo invoca. Más bien, no sabemos cómo enfocar el asunto.  Cambiar no quiere decir bajar diez o veinte kilos de peso en determinado lapso.  Lo que sí hace falta es una nueva actitud frente a la comida o la bebida alcohólica o al amor imposible o a lo que sea que queramos cambiar.  Y una nueva actitud es algo bien diferente a un intento de logro.  Implica una nueva visión de la vida.  Algo esencial que hay que empezar a mirar de una nueva manera.

Sigamos con el bajar de peso.  Desde luego que es importante, y cuanto más rápido se logre, mejor; pero una dieta generalmente lo que implica es un gran esfuerzo.  Los resultados son buenos… hasta que dejan de serlo.  Quiero decir que llega el momento en que se ha bajado de manera significativa, pero ya no tanto o ya no más.  Ahí es cuando empiezan a complicarse las cosas.  Ese es el momento crucial del cambio, la hora de la verdad.  Lo anterior se sostenía con el impulso, pero en este nuevo punto es cuando el cambio actitudinal resulta clave.

Cambiar de actitud es plantearse una visión previa de lo que se desea, es anticiparse a los hechos a partir de lo que parece mejor para la vida, y empezar a buscar todas las circunstancias y los modos de llevarlo exitosamente al campo de los hechos.  Pero además, se descubre que comer sanamente, por ejemplo, no es tan difícil, y que puede ir acompañado de algo de ejercicio, de algún cambio en las formas de divertirse, de nuevos hábitos de sueño, de otra clase de lecturas, de otro tipo de restaurantes, de otro estilo de bocados o de tantas cosas más.  Porque una actitud es un cambio en la forma de ver y de vivir la vida.  Un cambio de peso sin un cambio de actitud no es más que un episodio que podrá producir un buen resultado, pero como no está sostenido por una nueva relación con la vida, tiende a desaparecer dejando mucho dolor y pesar.

Ayúdese para este cambio compartiendo también con personas que tienen actitudes similares a la que desea lograr.  Es un apoyo muy grande y beneficioso.  Los esfuerzos en solitario resultan desgastantes y difíciles de sostener.

Este nuevo año puede ser el del cambio en los intentos de cambio, si es que de verdad quiere cambiar.

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